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07 septiembre 2005

Personajes: Ellas, en la ciencia

Marie Curie
El mito de Marie Curie, la pobre inmigrante polaca que, gracias a su genio y a su obsesión por el trabajo, soportó años de vejaciones y esfuerzos para conseguir obtener el radio, ha velado lo que realmente fue su vida de descubridora, sostiene la biógrafa.

La idea brillante pero controvertida de Curie fue que la radiactividad es una propiedad del átomo que podía emplearse para descubrir nuevos elementos. Aunque sus investigaciones le valieron dos premios Nobel y transformaron nuestro mundo, no consiguieron liberarla ni de los prejuicios de la comunidad científica, en la que las mujeres no eran bien recibidas, ni de los prejuicios de la sociedad francesa.

A partir de documentos jamás utilizados (cartas, diarios, entrevistas con la familia), Barbara Goldsmith, revela la mujer detrás del mito, un retrato de Curie y sus sorprendentes descubrimientos y el precio que tuvo que pagar por haber alcanzado la fama.

En la biografía, la autora apunta que Marie Curie, que "era tan rara como un unicornio en el campo de la ciencia", provenía de una familia polaca venida a menos; tuvo que trabajar durante ocho años para poder estudiar en la Sorbona y en 1893 se convirtió en la primera mujer licenciada en física de esta prestigiosa universidad parisina.

Un año más tarde, obtuvo una segunda licenciatura, en matemáticas y años después se convirtió en la primera galardonada no sólo con uno, sino con dos premios Nobel: el primero en física junto su marido Pierre y Henri Becquerel, por el descubrimiento de la radiactividad, y, ocho años más tarde, en química por aislar el polonio y el radio.

A partir de estos hechos, periodistas, científicos, médicos, feministas, industriales e incluso la propia Curie contribuyeron a crear "el mito de Madame Curie", un mito que tuvo su plasmación en billetes, sellos, monedas, o automóviles como los acondicionados con rayos X en la I Guerra Mundial, denominados "pequeños Curie".

Conocida por sus libros sobre mujeres destacadas, como Susan Anthony, llevada a juicio en 1874 por haberse atrevido a oponerse a la ley que le negaba el derecho de voto a las mujeres, Goldsmith ha podido acceder al archivo personal de los Curie en la Biblioteca Nacional de París, durante mucho tiempo precintado por la radiactividad de los papeles. También ha contado con la colaboración de Helene Langevin-Joliot, tercera generación de Curie, hija de Irene, que siguió los pasos de su madre.